jueves, 20 de julio de 2017

COMENTARIO SOBRE EL CANTO I DE “LA CIUDAD DETENIDA EN EL TIEMPO”


 

Iván T. Contardo

 
No vamos a preguntar cuál es el nombre de la ciudad detenida en el tiempo. Puede ser la penquista natal o aquella donde ha concentrado sus luchas o una aldea alejada de la gran urbe y de cara a ella. Aseguramos que ésta ha sido remecida por movimientos telúricos y sociales, y que sus habitantes son “amigos muertos, ángeles de pasión”. El poeta, ante la necrópolis, se presenta “con un junco amarillo” y entona este primer canto de su elegía, en que lo visual, el silencio, la muerte y el tiempo son sus principales protagonistas. 

Este segmento arranca con la imagen de un abrazo en la fosa mortuoria, donde el hombre de negocios, el abogado, el mendigo y el proletario son de una sola estirpe. Los hombres se hermanan en la muerte.  

La cuarta estrofa es pródiga en colores y elementos visuales. La urgida sangre del hablante, lleva “fibras verdes” y como ya se ha dicho, deposita un “junco amarillo” sobre la tumba. Sus ojos se sorprenden ante una sombra invadida por otras sombras. Tal visión es atrapada por “su córnea habitual de lamento o herida”. La última estrofa descubre “morados... testigos funerarios”. 

En cuanto a lo auditivo, “una voz profundamente confundida” se desplaza en el silencio. El Canto I finaliza “con un pulso de silencio” como el final de un “funesto túnel”. Las guitarras han quedado mudas a tal punto, que han enceguecido; los gritos de la vida han sido invadidos por la muerte. Un fatigado reloj acompaña al poeta.  Apenas sollozan las dalias. Todo es una “tonada de rosa desleída”. 

El tiempo se mece al ritmo de un columpio y se va apagando, como la vida, en un reloj cansado. Los cipreses de la ciudad de los muertos son un dibujo “infinito contra el tiempo”. El poema termina, cual metrónomo, “con un pulso de silencio”. 

La muerte es el motivo fundamental de este Canto I: “amigos muertos”, ceniza que guarda una pura estirpe y que a veces puede ser sabrosa como los chamánicos ajos; cuando se estremece la tierra se descubre “la fosa del llanto”; desfiles de sombras y el tubo lunar que conecta a la vida de ultratumba. Tras los versos podemos escuchar el golpeteo de los poderosos remos del Barquero, que pulsan el largo viaje hacia la otra orilla. Las últimas dos estrofas son una cadena de palabras que remiten a la idea de la muerte: Muñón, araña, desgracia, ciprés, doblado, degollado, dalias, ríos de muerte, hueso, mansión, morados, funerarios, rosa, funesto túnel, silencio. Como el propio Claudio declara, la experiencia que refleja este poema es un “sueño largo en... almohada de piedra”.

 

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